Incapacidad temporal por enfermedad común en Asturias

Se han analizado los episodios de incapacidad temporal (IT) en Asturias en el periodo 1996-2006 tramitados por el personal médico de atención primaria y revisados por la inspección sanitaria, es decir, las bajas laborales correspondientes a 11 años.

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05 April, 2017 Principado de Asturias Imprimir

En este tiempo se prescribió la necesidad de ausentarse del trabajo por motivos de salud en más de un millón de ocasiones (exactamente 1033112), de las cuales 61% correspondieron a hombres y 39% a mujeres.

 

Los objetivos del estudio son analizar el sistema de información de incapacidad temporal por enfermedad común en Asturias para valorar su utilidad en la vigilancia de enfermedades relacionas con el trabajo (ERT), así como promover la discusión sobre los sistemas de información de salud laboral y el análisis de desigualdades por sectores de actividad económica, por ocupaciones concretas y por género en los registros sanitarios.

 

 

El presente informe aporta datos sobre prevalencia e incidencia de incapacidad temporal y su relación con el puesto de trabajo, omitiendo de forma expresa la duración y los costes, ya que siendo muy importantes estos aspectos de la IT, se pretende proporcionar una visión epidemiológica causal.

 

Para poder llevar a cabo el análisis se construyó previamente una tabla de traducción de puestos de trabajo, en la que a cada una de las múltiples formas de denominar un mismo puesto de trabajo se le asignó igual código de ocupación. Posteriormente, se clasificaron en cinco grupos de 10, 14, 21, 66 y 205 ocupaciones para permitir la realización de análisis con diferentes niveles de desagregación. También se estandarizó la forma de anotar los diagnósticos de la CIE 9ª revisión y se clasificaron las enfermedades en dos grupos de 18 y 93 códigos.

 

Se cálculo la razón de morbilidad proporcional (RMP) como indicador de asociación entre enfermedad (IT) y ocupación, ya que es un indicador útil para establecer un sistema de alerta de exceso de enfermedad en determinados puestos de trabajo, cuando no es posible disponer de tasas y obtener riesgos relativos.

 

En cuanto a los resultados del estudio, es importante señalar en primer lugar que la cumplimentación del puesto de trabajo u oficio en los partes de IT sigue siendo inaceptablemente baja, ya que en 2006 el 34% de los mismos no lo especificaba.

 

En conjunto, las bajas laborales aumentaron progresivamente cada año, si bien las contingencias por enfermedad común alcanzaron en 2003 su máxima frecuencia (94.5% del total), mientras que los accidentes no laborales no se registraron adecuadamente en los primeros años y sólo a partir de 2004 hay cifras reales, representando en 2006 un 11% de los procesos de IT.

 

No obstante, es preciso analizar por sexo esta tendencia ya que existen diferencias: entre 1996 y 2006, los varones redujeron su aportación al total de bajas laborales en 12%, mientras que las mujeres la incrementaron en el mismo porcentaje. Esta diferencia se va reduciendo año a año, de forma que en el período 2005-2006 las bajas laborales en varones aumentaron con respecto al año 2004 un 4.3% mientras que en mujeres lo hicieron un 11.4%. Además, comparando el número de bajas laborales con el número de personas aseguradas en ambos sexos, resulta que las mujeres tuvieron proporcionalmente más bajas laborales que los hombres (aproximadamente un 3%).

 

Las tasas de incidencia muestran diferencias por sexo en el riesgo de enfermar, no tanto en el orden de las principales enfermedades, como en la magnitud del riesgo.

 

Las mujeres tienen mayor incidencia que los hombres en diez de 17 causas, sobre todo en enfermedades mentales, del sistema osteomuscular y causas mal definidas.

 

En los hombres la incidencia es superior en cinco de 17 causas, fundamentalmente en enfermedades de la piel, del aparato digestivo y traumatismos. En los hombres predominan las enfermedades relacionadas con el consumo de tabaco y alcohol (cánceres de pulmón, laringe, boca-faringe y esófago, trastornos mentales por alcohol, enfermedad isquémica del corazón), así como otras probablemente relacionadas con exposiciones laborales concretas (hernia, neumoconiosis, cáncer de vejiga y riñón).

 

En las mujeres se hacen evidentes los problemas tiroideos, anemia, afectación de raíces nerviosas, y sobre todo las enfermedades relacionadas con la esfera emocional (reacciones de adaptación, estrés, ansiedad y depresión).

 

Este perfil de enfermedad puede ser debido en gran medida a una distribución clásica del trabajo: los varones mayoritariamente en trabajos cualificados de la industria, construcción y minería (35%), así como en el grupo de operadores de instalaciones, maquinaria y montadores (23%). Por el contrario, las mujeres se encuentran predominantemente en trabajos de servicios de restauración, personales, protección y vendedores (30%), seguidos de trabajos no cualificados (23%). No obstante, las mujeres duplican el número de hombres en el grupo de técnicos y profesionales científicos e intelectuales (17%), así como en el grupo de empleados de tipo administrativo (17%), lo que reflejaría la mayor proporción de mujeres con estudios en los últimos años. A pesar de ello, en el grupo de dirección de empresas y administraciones públicas siguen estando más presentes los hombres.

 

En cuanto a los diagnósticos según ocupación, cabe hacer notar que las enfermedades de la piel predominan en los trabajadores manuales, por lo que seguramente muchas de ellas deberían de ser consideradas como enfermedades profesionales.

 

Las bajas laborales por embarazo, parto y puerperio son más frecuentes en trabajadoras no manuales, con mayor nivel de cualificación.

 

Las enfermedades mentales no presentan un perfil definido por ocupación. Sin embargo, mientras que en los hombres con formación universitaria se observan las mayores RMP, ocurre lo contrario con las mujeres.

 

Los traumatismos son más frecuentes en ocupaciones manuales, pero sobre todo en los/as trabajadores/as de las industrias extractivas, en las actividades agrícolas y ganaderas.

 

Los tumores malignos presentan un perfil diferente en trabajadores manuales y no manuales. En general, el cáncer es más frecuente en ocupaciones no manuales.

 

Las diferencias observadas o intuidas en los puntos anteriores, tanto en ocupaciones como entre hombres y mujeres, necesitan ser investigadas en profundidad para dilucidar el papel de la ocupación en la incidencia de las bajas laborales por enfermedad común. Un porcentaje desconocido, pero probablemente no pequeño, debería ser notificado como enfermedades profesionales, lo cual supondría investigar los factores de riesgo causales y prevenir nuevos casos.

 

Se concluye por tanto, que los episodios de IT por enfermedad común son una importante fuente de información sanitaria para conocer la salud de la población y analizar desigualdades. Pero para que el sistema de vigilancia sea eficaz y se realice de manera eficiente es necesario mejorar la calidad actual de los datos sobre ocupación y empresa, que deberán ser registrados y codificados en todos los casos.

 

También se propone implantar la historia laboral en OMI-AP, y utilizar el módulo PLDV (Patología Laboral de Declaración Voluntaria) como sistema de apoyo a los profesionales médicos en el diagnóstico de las enfermedades relacionadas con el trabajo.

Editado por última vez el: 27 July, 2017 Imprimir